La vida material de los monfortinos a través del tiempo.

Posted on 18 mayo, 2018 by in Eventos

Las gentes que han vivido en el territorio monfortino, a través de los siglos, han compartido las formas de vida que se han sucedido en el Levante peninsular hispano. Cuando nuestra tierra era un enorme bosque de encinas o carrascas, estaba llena de manantiales, y el río Alebus o Vinalopó era un río vivo, con un considerable caudal de agua limpia y cristalina, cuando la rambla de Orito era un riachuelo también de aguas claras, nuestros antepasados prehistóricos vivían de la caza, algo de pesca, y la recolección; nos encontramos en el Paleolítico o Edad de la Piedra Antigua o tallada, siendo su organización tribal e itinerante o sin poblados permanentes. El Neolítico o Edad de la Piedra Nueva o pulimentada supuso la domesticación de algunos animales, y la invención de la siembra de algunas semillas; y aquí tenemos los dos pilares de la vida humana de los pobladores monfortinos, la cría de ganado y el pastoreo o ganadería, y la siembra de semillas o cultivo de la tierra o agricultura; ambas ocupaciones produjeron unas formas de vida, a partir del VI milenio a. de J.C., que vincularon intensamente a los monfortinos a sus tierras, y a la mejora paulatina de las técnicas y útiles del cuidado del ganado y el laboreo de la tierra, que dieron lugar a unas formas de vida concretas, desde las cuales se forjó la manera de ser de los monfortinos; en efecto, el pastoreo de ganados y la intensa dedicación al cultivo de la tierra forman una clase determinada de personas, con unas costumbres, con una idiosincrasia, que se ha transmitido generación tras generación, a través de los siglos, ahoya ya en forma sedentaria, en poblados permanentes, aunque el hábitat era considerablemente disperso.

La Prehistoria finaliza, la  historia comienza, en torno al año 1000 a. de J.C., sucediéndose en nuestra tierra monfortina las épocas propias de la historia hispana: íbera, romana, hispano-romana visigoda, musulmana u oriental, e hispana o cristiana, que es la nuestra, aunque nosotros la subdividimos en Medievo, Edad Moderna, y Edad Contemporánea. En este amplio tiempo superior a dos milenios, la población monfortina fue una continuación de sus ganados y sus tierras, de la realización año tras año del ciclo agrícola, sin el cual no era posible la vida, pues la comida diaria y anual dependía de la cosecha, y la mejora de la vida de cada familia monfortina también, estando expuestos todos los monfortinos a los ciclos agrícolas de buenas y malas cosechas, con sus respectivas consecuencias, teniendo gran importancia los animales de los que dispusiese cada familia, tanto fuesen de ganado como de tiro, en concreto, el rebaño familiar hacía posible superar bien los años en los que gran parte de la cosecha se perdiese por mal clima. El pastoreo de los ganados, la necesidad de disponer de tierra para su cultivo, y el uso de la leña como combustible para cocinar, llevaron durante siglos a la paulatina disminución de nuestros bosques, a su desaparición, y a la sequedad o aridez que hoy tenemos.

La sociedad y la economía monfortinas eran en gran parte de subsistencia, es decir, la totalidad de los alimentos de los monfortinos había que producirlos en Monforte, situación que llegó hasta los años sesenta del siglo XX, y que hoy nos resulta muy difícil de imaginar, de ahí la gran importancia en el pasado de los graneros, cambras o graneros en altura, despensas, pozos o aljibes, fuentes y abrevaderos o puntos de agua superficiales; las casas monfortinas eran verdaderos almacenes de alimentos y de agua para todo el año, pues las tiendas y comercios no existían, el agua potable corriente tampoco, aunque si el mercadillo al aire libre, si bien en sus casas algunos monfortinos pudiesen vender algo, lo que representaba poco en la alimentación cotidiana.

A mediados del siglo XIII, se produjo la Reconquista y Repoblación de nuestro territorio, fundándose nuestro Monforte propiamente dicho, del que nosotros somos descendientes directos. El pueblo de Monforte nació en torno a su castillo, que poco a poco fue convertido en templo católico o iglesia, permaneciendo una de las torres del castillo como campanario, mediante la edificación de casas, y el trazado de calles, en lo que hoy conocemos como el casco viejo, que en este momento fundacional era la parte más cercana al castillo-iglesia, a levante, y sobre todo a poniente, lo que deducimos de un simple paseo por nuestras calles con casas más antiguas. El Monforte rural predominaba ampliamente sobre el urbano, de modo que la mayor parte de los monfortinos vivía en grandes casas de campo, rodeadas de grandes fincas, en las que se criaban familias numerosas, por lo que la costumbre de tener casa de campo viene de este recuerdo, de una clase de poblamiento disperso que llegó hasta los años sesenta del siglo XX, tiempo en que los monfortinos empiezan a preferir concentrase en el núcleo del pueblo, que de villa agrícola empieza a convertirse en una pequeña ciudad.

Actualmente, en las casas monfortinas, a lo sumo hay algunos canarios enjaulados, pero desde tiempos muy lejanos hasta mediados del siglo XX, los monfortinos vivieron junto a multitud de animales, sin cuya ayuda no hubiese sido posible vivir. Las casas del pueblo estaban divididas en dos partes, la parte delantera era la vivienda, y la parte trasera el corral y la cuadra, el uno lleno de animales de corral,  y la otra para los animales de tiro, es decir, pollos, gallinas, conejos, mulas, burros, y en menor medida algún mulo, caballo o yegua, así como ganado ovino, caprino, y de cerda; y las casas del campo, considerablemente grandes, también se dividían en dos partes, una mitad para las personas, y la otra mitad para los animales, generalmente las personas a poniente y los animales a levante, delante de ellas correteaban totalmente libres los pollos y gallinas, existiendo en sus corrales importantes ganados de cabras y ovejas, y a veces cerdos. La lana de las ovejas era muy importante, y típico el trabajo de esquilarlas. Los animales de corral proporcionaban la carne y los huevos, mientras el ganado daba su carne, su leche, y el preciado queso, ni que decir tiene, que no era posible ir a la tienda a comprar los alimentos como hoy hacemos. La matanza era una tradición monfortina, en torno a la cual se reunía toda la familia, tradición que se terminaría con la apertura del matadero. Era un Monforte autosuficiente que ha desaparecido, pero que existió durante muchos siglos. El Monforte ganadero tuvo su etapa final cuando se sacaron los ganados del pueblo, en los años sesenta y setenta del siglo XX, y se llevaron a los corrales hechos en lo que hoy llamamos calle del Azagador, justo enfrente de la Cooperativa agrícola nueva, y de las naves industriales cercanas, en esos años se terminó el pastoreo por nuestras partidas, en las casas de campo dejó de haber ganados, y como era posible comprar los alimentos fuera a mejor precio, desaparecieron los ganados de toda clase, y hasta los animales de corral, salvo excepciones simbólicas, quedando los corrales vacíos, preparados para convertirse en almacenes. Recuerdo, como una imagen típica, como un verdadero cuadro monfortino, cuyo óleo podría pintar una de nuestras pintoras, el abrevadero que existía en la calle del Azagador, a la altura de la fábrica de mármol de José García Moya, allí el ganado bebía agua, pastando a la sombra de algunos garroferos, el pastor y su perro vigilaban, y en la acequia que abastecía el abrevadero había incluso pequeños peces de vivos colores ¡sin duda, era otro Monforte!

La Repoblación de mediados del siglo XIII creó nuestro Monforte, siendo nosotros sus descendientes, conforme acreditan nuestros nombres, apellidos, costumbres, religión y cultura. Monforte ha sido a través de los siglos un pueblo profundamente agrícola, completamente atado a su tierra. La sociedad y la economía monfortina se fundamentaban en una agricultura de secano basada en la trilogía mediterránea: cereales e hierbas de forraje (trigo, cebada, avena y alfalfa); viñas de vino (vino, pasas, y algo de uva de mesa); y algunos árboles (olivos, algarrobos o garroferos, higueras,  almendros y frutales), siendo curioso que hoy todos esos árboles apenas se cultivan. Los cultivos indicados nos manifiestan la alimentación de los monfortinos, consistente sobre todo en pan, vino, y frutos del campo. Esta agricultura de secano, que hizo posible la vida de los monfortinos, existió porque llovía lo suficiente ¡si tuviéramos que hacerla hoy nos moriríamos de hambre! o marcharíamos para la emigración; y en la escasa medida en que hubo una agricultura de regadío, se redujo a un trozo de la partida de la huerta, según el agua que pudiese aportar el Vinalopó, desde su azud, y algún manantial. El parcelario monfortino estaba constituido por un conjunto de fincas muy grandes, llevadas desde casas de campo amplias, salvo en la partida de la huerta, parcelada en pequeñas fincas, lo que nos indica que durante siglos no existió división de las fincas por las herencias, pues tales fincas llegaron hasta mediados del siglo XX, momento en que se produjo una enorme división de la tierra, que llevó al excesivo minifundio hoy existente. La vida agrícola de los monfortinos, fue también el conjunto de técnicas y útiles o aperos empleados en las faenas o trabajos agrícolas; en cuanto a las técnicas, es de destacar un minucioso cuidado de la tierra, de cada planta en sus etapas de vida hasta la recolección del fruto, y de su preparación para el año siguiente, siendo la poda muy importante tanto en la vid como en los árboles, y el uso del estiércol de ganado, hoy sustituido en gran parte por los abonos industriales, pero durante siglos imprescindible, lo que daba más importancia a la ganadería; en cuanto a los útiles o aperos, la azada, el arado, la hoz, y el trillo, eran parte esencial de la vida cotidiana monfortina; la azada tenía muchos usos, siendo frecuente que se cavasen los bancales con la azada; el arado era imprescindible para la siembra, consistiendo en poco más que el arado romano modernizado; la hoz era el instrumento necesario para la siega; y el trillo era una tabla de madera con puntas de sílex arrastrado por una mula, que separaba la mies de la paja en la era de trillar, siendo idéntico al trillo original de hace más de dos milenios.

Finalizo con una breve referencia a las actividades productivas no agrícolas. La artesanía elaboraba cosas necesarias para las personas y sus fincas, tales como calzado, vestimenta, aparejos para los animales de tiro, herraje de animales, arreglo de carros, aperos, y otros objetos. La construcción era en piedra irregular o de mampostería unida con yeso, también se empleaba el adobe, y en algún caso la cal con arena y grava, pero el ladrillo actual no existía, el cemento tampoco, y la teja era la de media caña o teja romana; el ladrillo, el cemento y la teja actual son aportaciones del siglo XX. El comercio dentro de nuestro pueblo, con los pueblos vecinos, y lugares más lejanos, dependía mucho de lo que no fuese posible producir en el pueblo, así como de la bonanza o no de cada año agrícola, de ahí el dicho tan monfortino ¡hay años de 24 meses!  para indicar los años de malas cosechas; el comercio mediante dinero tenía fuerte contrapeso con el comercio de trueque; la tienda propiamente dicha no existía, aunque desde luego en las casas los vecinos podrían vender lo que pudiesen o quisiesen, principalmente vino y alimentos, siendo el horno de pan el lugar más destacado de la vida alimentaria monfortina. El Monforte del pasado destacó por sus carreteros o arrieros, pues estando situado en un lugar central de las tierras alicantinas, el transporte de abastecimientos tuvo estimable importancia. Y la tradición nos dice que los monfortinos fueron siempre un pueblo ahorrador, aunque más que pensar en un ahorro en dinero, hay que pensar en un ahorro en fincas bien cuidadas, teniendo en cuenta que no había cajas de ahorro ni bancos.

 

Autor: Pascual Serrano.

 

El clima de Monforte del Cid.

Nuestro municipio se encuentra en la parte central de la provincia de Alicante, pertenecemos al clima mediterráneo, más concretamente al mediterráneo seco, del cual se puede decir, en general, que es el clima más benigno del planeta, por la moderación de la temperatura y la humedad, que permiten unas muy buenas condiciones de vida. Según el clásico sistema de clasificación climática de Köpper-Geiger nuestro clima es el «Csa»; «C» significa climas templados, con una temperatura del mes más frío comprendida entre 18ºC y -3ºC; «s» quiere decir que la estación seca es el verano del respectivo hemisferio; y «a» expresa que la temperatura media del mes más caluroso es superior a 22ºC; en nuestra tierra, las temperaturas medias de enero son superiores a 10ºC, y las de julio a 24ºC. En cuanto a las precipitaciones estamos entre los 300 y 500mm al año, siendo la media inferior a 400mm. Nuestra tierra es considerablemente seca, teniendo ya el problema de la aridez, pero no hace mucho tiempo no era así, pues la causa de la sequedad está en la extracción masiva e irresponsable, desde los años cincuenta del siglo XX, del agua de los depósitos del subsuelo, hasta secar todos los manantiales, y lugares con agua cerca de la superficie, de manera que ahora somos totalmente dependientes del agua proveniente del exterior, tanto para beber como para regar, y el agua de riego es de poca calidad. En cuanto se refiere al «cambio climático», hay que decir, que tanto en la atmósfera como en la superficie terrestre, está causado principalmente por la acción humana, es decir, las necesidades de la vida de la especie humana nos llevan a un conjunto de acciones, que siglo tras siglo modifican el clima, cambios que en nuestro territorio suponen reducción de la vegetación existente, y aumento de la aridez, situación desfavorable que solamente puede ser cambiada por la determinación del ser humano de hacerlo.

Autor: Pascual Serrano.

 

La geografía del municipio de Monforte del Cid.

El conocimiento detallado de la geografía de nuestro pueblo, se debe hacer, a partir de atlas y libros, que lo sitúan dentro de su marco en el territorio de la península Ibérica, en la amplia región del Levante español, que incluye la región valenciana, la región murciana, y la parte oriental de la región castellano-manchega; utilizando también planos; y completándolo con el recorrido físico del propio territorio; conjunto de fuentes que nos informan de la manera en que la naturaleza modela nuestra tierra siglo tras siglo. Monforte del Cid forma parte de un valle, llamado del Vinalopó medio, que incluye a los vecinos Novelda, Aspe, y otros pueblos, valle rodeado de numerosas sierras, que pertenecen al Sistema Bético, estando dentro de las serranías Sub-béticas, lo que da lugar a las especificidades físicas de nuestra tierra. La sierra de El Cid, con sus 1103 metros de altura, es la que domina claramente, aunque su imponente majestuosidad solamente es posible verla desde algunos lugares monfortinos, entre los que destacan puntos cercanos a Orito, orientados al norte; de esta gran sierra bajan algunas ramblas, siendo las principales el barranco de la Mama y el de Bonitol, si bien entre ambos hay un considerable barranco central que desemboca un poco más arriba de los embalses, todos los cuales rara vez llevan agua, que cuando la hay se dispersa por el enorme piedemonte de El Cid, formado por los Llanos de El Cid, en su parte monfortina, y la tierra que desciende hasta prácticamente la línea del ferrocarril. En el lado oeste de El Cid, en forma casi perpendicular a éste, se encuentra la serreta Larga, para nosotros comunmente la Sarreta, siendo monfortino solamente su piedemonte, que por su forma puntiaguda nos indica que estamos ante montañas, en su mayor parte,  de la Era Terciaria. Al final del piedemonte de El Cid, en su frente, se encuentra la loma Redonda, tras la cual nos aparece la llanura monfortina en toda su amplitud, hasta encontrarse con la sierra de las Águilas, serranía en que existieron estas nobles aves, que recuerdo haber visto tras la cueva de San Pascual, arrojándose en picado al barranco en busca de algún conejo, en los años setenta y ochenta del siglo XX, y que fueron retiradas por el ICONA, pues en este lugar ya no era posible su supervivencia, por la excesiva presión antrópica; la llanura monfortina tiene su culminación en los parajes del Llano y de la Huerta, terminando al sur en la sierra de la Pedrera, y al oeste en el río Vinalopó, formando una tierra de gran fertilidad, que ha sustentando la vida de los monfortinos, generación tras generación, desde hace muchos miles de años.

La rambla de Orito es el río de Monforte del Cid, hoy seco, antaño con agua, que desemboca en el Vinalopó, hoy igualmente seco, antaño también con un notable caudal de agua, sobre todo en otoño y primavera; debiéndose recordar la gran riada de 20 de octubre de 1982, en que el Vinalopó bajó con unos 200 metros cúbicos por segundo, si esto fue así, es normal pensar que hasta bien entrado el siglo XX, el Vinalopó tuvo una corriente de agua limpia permanente de unos 10 metros cúbicos por segundo, que generalmente era desviada por los azudes, para regar algún trozo de la huerta de cada municipio, como ocurría en nuestro pueblo con el azud que conocemos. En torno al importante tema del agua, es preciso recordar que hasta mediados del siglo XX, entre nacimientos de agua y puntos de terreno con agua muy cerca a la superficie, teníamos unos 30, todos los cuales se han secado, por la irracional sobre explotación de los acuíferos situados entre las afueras de nuestro casco urbano y la Sarreta, desde los años cincuenta hasta los años ochenta del siglo XX, que si bien posibilitaron la magnífica agricultura que tanto recordamos, nos dejaron sin agua propia para siempre; ejemplo muy claro es la fuente de San Pascual, surgida en 1592 y secada en 1992, por la irresponsable sobre explotación de los acuíferos de la sierra de las Águilas, cuya agua en alguna medida pudo venir a Monforte, pero que yo recuerde fue hacia la Alcoraya y hacia Elche.

La geografía es la ciencia del conocimiento del paisaje, por eso finalizo haciendo una breve referencia al paisaje de nuestro pueblo, antaño mucho más arbolado que hoy; en su parte silvestre, hubo pocos pinos y muchas encinas; en su parte agrícola, hubo muchos algarrobos o garroferos, olivos, higueras, y almendros, observando que los árboles son esenciales para frenar la erosión e impedir la desaparición del suelo fértil, tan necesario para la agricultura. Es muy importante recordar que tanto las riberas del Vinalopó como de la rambla de Orito estuvieron llenas de árboles, mientras ambos cauces portaban alguna buena cantidad de agua limpia y transparente; es curioso, que en las acequias y regaeras, cuando llevaban agua limpia, había peces, de los que también se vieron algunos en el Vinalopó. Así, pues, dados los medios humanos y materiales hoy existentes, sería símbolo de verdadero desarrollo, que tanto la rambla de Orito como el río Vinalopó fuesen limpiados de escombros y otros restos, y que en sus desiertas riberas apareciese algún que otro árbol, pino piñonero o encina, que nos hagan recordar que hace siglos teníamos una naturaleza esplendorosa, con la que sin darnos cuenta hemos acabado, pero queremos y podemos restablecer.

Autor: Pascual Serrano.

 

Situación geográfica de Monforte del Cid.

Posted on 7 abril, 2018 by in Eventos

El municipio de Monforte del Cid se encuentra situado en la parte oriental de la península Ibérica, a mitad de camino de su costa con el mar Mediterráneo, entre el Pirineo Oriental al norte, y el Estrecho de Gibraltar al sur; ligeramente al oeste del meridiano principal de Greenwich, y algo al norte del paralelo 38; aunque no es una tierra costera mediterránea, desde sus sierras y partes elevadas se puede ver el mar, siendo la visión más bella, a mí parecer, la que contemplamos desde algunos lugares de la sierra de las Águilas, en particular, desde la cueva de San Pascual, tierra que limita con el vecino y costero municipio de Alicante. Somos una tierra de interior, pero con mucha influencia marítima, para comprobarlo basta considerar los vientos predominantes, el levante y el poniente; el primero, proveniente del Mediterráneo es casi siempre fresco, especialmente durante el verano, soplando a partir del mediodía, librándonos de un Sol abrasador, y dando a las personas, animales y plantas, el frescor vivificador del mar;  el segundo, nos llega del interior, siendo frío o muy frío en invierno, y muy cálido en verano, dando lugar un intenso bochorno, que nos hace apreciar en su justa medida el gran valor del agua fresca del tradicional botijo, y de la agradable sombra de algunos árboles frondosos. Nuestro municipio se encuentra en el centro justo de la provincia de Alicante, limitando al Sol naciente o este con los municipios de Alicante, capital de la provincia, y Agost; al norte con Agost y Petrel; al oeste con Novelda, y al sur con Aspe y Elche; pertenecemos al valle del río Vinalopó, que nace en Bañeres de Mariola y termina en Santa Pola, antaño río vivo, de aguas claras, con muchos bosques en sus riberas, hoy río seco, y casi sin árboles, salvo en su parte alta o nacimiento, donde todavía el agua es como debe ser. La posición central que tenemos en las tierras alicantinas, nos concede una buena participación en el eje de comunicación longitudinal entre la Meseta castellana, la ciudad de Alicante y la Costa Blanca, y el eje de comunicación transversal que une los municipios de la franja central de la provincia de Alicante.

Autor: Pascual Serrano.

FINES DEL FORO CULTURAL Y ECONÓMICO MONFORTINO.

EN ESTA PRIMERA ENTRADA SE EXPRESA LO QUE EL FORO BUSCA CONSEGUIR CON TESÓN Y PERSEVERANCIA:

El capítulo II del estatuto, titulado «Objeto de la Asociación», establece en su artículo 6 su «Finalidad y actividades», que para general conocimiento de los amigos del Foro reproduzco aquí, en todos sus puntos, aunque de modo resumido, de manera que sepan en todo momento lo que se puede hacer dentro del Foro. El objetivo esencial es asociar a un grupo de monfortinos para fomentar la cultura y la economía de nuestro pueblo. El Foro busca el estudio, investigación y divulgación del patrimonio histórico, cultural, religioso, artístico y natural del municipio de Monforte del Cid, en consecuencia las actividades de esta asociación son:

1.-  Llevar adelante cuantas acciones sean necesarias para la consecución de su finalidad.

2.- Trabajar en el mejor conocimiento de la vida y obra de don Jorge Juan y Santacilia.

3.- El estudio, investigación, divulgación y fomento de todos los asuntos que interesen a la sociedad y economía monfortina.

4.- El fomento de la convivencia cívica entre todos los monfortinos.

5.- La permanencia de la identidad monfortina.

6.- La colaboración con personas y grupos que trabajen por la cultura monfortina.

7.- La organización de cualesquiera actos públicos que divulguen los estudios y trabajos sobre nuestro pueblo.

8.- El apoyo a personas y grupos que defiendan los valores cívicos, tales como la libertad, la ética, el humanismo, los buenos usos laborales, la responsabilidad, la solidaridad, el altruismo, la libertad de información, la opinión respetuosa, la participación, la libre elección, la libertad de conciencia, y la libertad de enseñanza, todos ellos orientados hacia el bien individual y común de todos los monfortinos.

9.- La colaboración con cualesquiera instituciones públicas o privadas dispuestas a ayudar, en especial con el Ayuntamiento de Monforte del Cid y la Diputación de Alicante.

Ante cualquier aclaración o precisión se debe estar a lo que dice el estatuto, en este artículo o en su conjunto.

Los miembros del Foro, queremos poner la mejor voluntad, para conseguir fomentar la cultura y el conocimiento en nuestro pueblo, con humildad y seriedad, buscando atraer a cualquier otro monfortino o persona foránea que desee trabajar o colaborar con nosotros.

Autores: Los fundadores del Foro, Miguel Navarro y Pascual Serrano.