El conocimiento detallado de la geografía de nuestro pueblo, se debe hacer, a partir de atlas y libros, que lo sitúan dentro de su marco en el territorio de la península Ibérica, en la amplia región del Levante español, que incluye la región valenciana, la región murciana, y la parte oriental de la región castellano-manchega; utilizando también planos; y completándolo con el recorrido físico del propio territorio; conjunto de fuentes que nos informan de la manera en que la naturaleza modela nuestra tierra siglo tras siglo. Monforte del Cid forma parte de un valle, llamado del Vinalopó medio, que incluye a los vecinos Novelda, Aspe, y otros pueblos, valle rodeado de numerosas sierras, que pertenecen al Sistema Bético, estando dentro de las serranías Sub-béticas, lo que da lugar a las especificidades físicas de nuestra tierra. La sierra de El Cid, con sus 1103 metros de altura, es la que domina claramente, aunque su imponente majestuosidad solamente es posible verla desde algunos lugares monfortinos, entre los que destacan puntos cercanos a Orito, orientados al norte; de esta gran sierra bajan algunas ramblas, siendo las principales el barranco de la Mama y el de Bonitol, si bien entre ambos hay un considerable barranco central que desemboca un poco más arriba de los embalses, todos los cuales rara vez llevan agua, que cuando la hay se dispersa por el enorme piedemonte de El Cid, formado por los Llanos de El Cid, en su parte monfortina, y la tierra que desciende hasta prácticamente la línea del ferrocarril. En el lado oeste de El Cid, en forma casi perpendicular a éste, se encuentra la serreta Larga, para nosotros comunmente la Sarreta, siendo monfortino solamente su piedemonte, que por su forma puntiaguda nos indica que estamos ante montañas, en su mayor parte, de la Era Terciaria. Al final del piedemonte de El Cid, en su frente, se encuentra la loma Redonda, tras la cual nos aparece la llanura monfortina en toda su amplitud, hasta encontrarse con la sierra de las Águilas, serranía en que existieron estas nobles aves, que recuerdo haber visto tras la cueva de San Pascual, arrojándose en picado al barranco en busca de algún conejo, en los años setenta y ochenta del siglo XX, y que fueron retiradas por el ICONA, pues en este lugar ya no era posible su supervivencia, por la excesiva presión antrópica; la llanura monfortina tiene su culminación en los parajes del Llano y de la Huerta, terminando al sur en la sierra de la Pedrera, y al oeste en el río Vinalopó, formando una tierra de gran fertilidad, que ha sustentando la vida de los monfortinos, generación tras generación, desde hace muchos miles de años.
La rambla de Orito es el río de Monforte del Cid, hoy seco, antaño con agua, que desemboca en el Vinalopó, hoy igualmente seco, antaño también con un notable caudal de agua, sobre todo en otoño y primavera; debiéndose recordar la gran riada de 20 de octubre de 1982, en que el Vinalopó bajó con unos 200 metros cúbicos por segundo, si esto fue así, es normal pensar que hasta bien entrado el siglo XX, el Vinalopó tuvo una corriente de agua limpia permanente de unos 10 metros cúbicos por segundo, que generalmente era desviada por los azudes, para regar algún trozo de la huerta de cada municipio, como ocurría en nuestro pueblo con el azud que conocemos. En torno al importante tema del agua, es preciso recordar que hasta mediados del siglo XX, entre nacimientos de agua y puntos de terreno con agua muy cerca a la superficie, teníamos unos 30, todos los cuales se han secado, por la irracional sobre explotación de los acuíferos situados entre las afueras de nuestro casco urbano y la Sarreta, desde los años cincuenta hasta los años ochenta del siglo XX, que si bien posibilitaron la magnífica agricultura que tanto recordamos, nos dejaron sin agua propia para siempre; ejemplo muy claro es la fuente de San Pascual, surgida en 1592 y secada en 1992, por la irresponsable sobre explotación de los acuíferos de la sierra de las Águilas, cuya agua en alguna medida pudo venir a Monforte, pero que yo recuerde fue hacia la Alcoraya y hacia Elche.
La geografía es la ciencia del conocimiento del paisaje, por eso finalizo haciendo una breve referencia al paisaje de nuestro pueblo, antaño mucho más arbolado que hoy; en su parte silvestre, hubo pocos pinos y muchas encinas; en su parte agrícola, hubo muchos algarrobos o garroferos, olivos, higueras, y almendros, observando que los árboles son esenciales para frenar la erosión e impedir la desaparición del suelo fértil, tan necesario para la agricultura. Es muy importante recordar que tanto las riberas del Vinalopó como de la rambla de Orito estuvieron llenas de árboles, mientras ambos cauces portaban alguna buena cantidad de agua limpia y transparente; es curioso, que en las acequias y regaeras, cuando llevaban agua limpia, había peces, de los que también se vieron algunos en el Vinalopó. Así, pues, dados los medios humanos y materiales hoy existentes, sería símbolo de verdadero desarrollo, que tanto la rambla de Orito como el río Vinalopó fuesen limpiados de escombros y otros restos, y que en sus desiertas riberas apareciese algún que otro árbol, pino piñonero o encina, que nos hagan recordar que hace siglos teníamos una naturaleza esplendorosa, con la que sin darnos cuenta hemos acabado, pero queremos y podemos restablecer.
Autor: Pascual Serrano.